Napoleón no era tan bajito. De hecho, medía 1,68 m, una estatura aceptable para su época, e incluso superaba en 4 cm al duque de Wellington, su gran enemigo.

Walt Disney no sabía dibujar y nunca diseñó ninguno de los personajes. Durante muchos años se dijo que Mickey Mouse había sido creado por el, pero ahora sabemos que fue obra exclusiva del dibujante Ub Wickers, quien le dejo a Disney compartir la autoría para devolverle un favor.

Bruce Lee no fue el rey del kárate. Jamás practicó esta modalidad de las artes marciales. El suyo era un estilo de lucha diferente conocido como jun fan gung fu.

Circular por la derecha no siempre ha sido normal. En el Imperio Romano se circulaba por la izquierda, una costumbre que se mantuvo en toda Europa hasta la revolución Francesa. En nuevo régimen instauró la norma de hacerlo por la derecha, y Napoleón la impuso en el resto de Europa, salvo en Inglaterra, Suecia y los paises que no pudo conquistar.

Robin Hood no era un bandido generoso, ni robaba a los ricos para dárselo a los pobres. En realidad era un noble llamado Robert Hood, que se sublevó contra el rey Ricardo II para no pagar impuestos.

Los piratas no enterraban tesoros. O lo hacían demasiado bien, porque nunca ha aparecido ninguno. Lo normal era que dilapidaran el botín de sus pillajes en las tabernas, los burdeles y las casas de juego de la isla Tortuga.

No existen los cementerios de elefantes. La aparición de un gran número de osamentas de paquidermos en un mismo lugar hizo que en el siglo XIX muchos exploradores fantaseasen sobre un mítico lugar al que los elefantes se dirigían para morir. El misterio lo aclaró el biólogo Rupert Sheldrake, quien explicó que lo que realmente ocurría es que los ejemplares enfermos o ancianos de una misma manada se quedaban a vivir cerca de los manantiales de agua y morían allí.

Cortar cabelleras no era costumbre natural de los pieles rojas. La copiaron de los franceses, que exigían a sus mercenarios presentar el cuero cabelludo de cada indio muerto para poder cobrar la recompensa.

Los emperadores romanos no levantaban ni bajaban el pulgar para decretar la muerte o el indulto de un gladiador. Mostrar el puño cerrado era una señal de clemencia; pero si sacaba elpulgar hacia un lado, estaba ordenando la ejecución del perdedor.

Vía | revista Quo.




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