La historia:

Todo empieza una noche de tormenta 1992, en medio del Océano Pacífico. Atrapado en un mar embravecido, un buque de carga que había partido de Hong Kong y se dirigía a San Diego sufrió una avería. Balanceado con violencia por el oleaje, algunos de sus contenedores acabaron soltándose de sus amarres, cayeron al mar y vertieron su contenido: más de 20.000 patitos de goma y otros juguetes de plástico iniciaron un viaje lleno de sorpresas.

Catorce años más tarde, después de ser arrastrados por las corriente marinas, devorados por tiburones, o desgarrados por innumerables tormentas, cientos de esos pequeños patitos "sobrevivieron" al naufragio y fueron arrastrados por las corrientes marinas hasta la costa.

Los avistamientos de los intrépidos patitos en diferentes costas han permitido a reconocidos oceanógrafos elaborar un completo estudio sobre las corrientes oceánicas. Todos los datos de los recogidos se han ido introduciendo en un programa de ordenador que ha ayudado a localizar mercancías perdidas en el mar y a entender mejor los efectos del calentamiento de la tierra. 

Así sabemos que este grupo de intrépidos patitos se dirigieron hacia las costas de Alaska y, a través del Estrecho de Bering, pasaron al Océano Ártico donde quedaron retenidos por los hielos durante meses. En el 2001, emergieron en las costas del Atlántico norte con destino a las playas de Islandia y Groenlandia, para iniciar su lento descenso hacia Gran Bretaña y España.

El anuncio:

Hace un tiempo se emitó un anuncio de SEAT en televisón basado en esta historia. El mensaje: "Seat toledo, extraordinaio de principio a fin".


Otros sucesos:

Aunque parezca mentira, este no es un caso aislado.

Ebbesmeyer e Ingraham, las empresas que llevan a cabo este tipo de seguimientos, ya han estudiado el recorrido de 100.000 globos y coches de juguete, 34.000 guantes de hockey y cinco millones de piezas de Lego que han sido vertidos al mar. En 1990, Nike perdió 80.000 zapatillas más allá del Pacífico. Al cabo de dos años, la mercancía apareció en Hawai. A pesar de llevar tanto tiempo en el agua, el calzado todavía se podía usar, siempre y cuando se encontrara el par correspondiente, porque no iban atados.

Todo parece muy divertido, pero Ebbesmeyer señala también que hay un aspecto más serio en este trabajo. Al año se pierden entre 2.000 y 10.000 contenedores, muchos de los cuales se abren y vierten su contenido al mar.




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